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	<title>Jean-Yves Leloup &#187; Seleccionados</title>
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	<description>Sitio en lengua española Jean-Yves Leloup</description>
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		<title>Hacer las paces, hacer la paz</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Nov 2014 17:04:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
				<category><![CDATA[Seleccionados]]></category>

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		<description><![CDATA[El decálogo: diez palabras para la paz Preliminares a una revolución ética Leyendo el libro de entrevistas del Dalai-Lama y de Stéphane Hessel “Declaremos la paz”, me preguntaba qué podría ser una “declaración de paz”. El libro no lo dice, pero da a entender que ésta no puede ser proclamada sin una transformación del espíritu de cuya posibilidad desde este mismo momento dan testimonio las neurociencias y las prácticas de meditación más antiguas y contemporáneas. Esta revolución del espíritu (o metanoia) es ante todo una revolución ética, que puede ser apoyada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU 1.948) y la Carta de la Tierra (1.987). La fuente de esta revolución ética, todavía por hacer, parece encontrarse en el libro del Éxodo, capítulo 20 y en el Deuteronomio capítulo 5; dos libros que pertenecen a la Biblioteca hebraica (la Biblia) y que serán retomados total o parcialmente en las bibliotecas del cristianismo (los evangelios) o del Islam (el Corán). ¿Podemos leer estas 10 Palabras como el inicio, el prólogo a una declaración de paz, inspiración o revelaciones que pueden conducir a una verdadera revolución, por la cual cambiarían los comportamientos violentos del ser humano con respecto a la tierra y a sus habitantes? Se tratará en un principio  de traducir estas 10 Palabras a un lenguaje de declaraciones y cartas contemporáneas dirigidas no a una humanidad abstracta sino a una persona en particular – esta persona puede ser un miembro de nuestra familia – o ese enemigo interior, esa dualidad que cada uno de nosotros lleva dentro. Descubriremos entonces la exigencia y el compromiso que implican semejante declaración de paz: la revolución que está por venir, es decir nada menos que la supervivencia de la humanidad que depende primero de una revolución ética, personal e interpersonal antes de ser internacional o interreligiosa. La paz entre todos depende de la paz entre nosotros (personas cercanas, próximas). La paz del “gran nosotros” depende de la paz entre yo y yo, la paz conmigo mismo y luego la de la paz entre tú y yo. Decálogo de la paz 1 / 2 &#8211; Habiendo observado que la oposición entre religiosos y religiones está en el origen de los conflictos y las guerras más sangrientos, no quiero imponerte ningún dios, ningún ídolo, es decir, ninguna imagen o representación de lo Absoluto, y al mismo tiempo respeto cada una de los imágenes y representaciones de lo Absoluto que hayas podido forjarte a partir de tu experiencia, de tu pensamiento o de tu imaginación. Respeto todas las “ideas” y todos los dioses y no adoro a ninguno de ellos – sólo lo Absoluto es Absoluto y es irrepresentable, inconcebible,  incapturable, infinito… “Él Es lo que es”, “Él es Yo soy”, la libertad en cada uno de nosotros. Él Es lo Real que nos falta y que nos une. Él es lo invisible, el espacio entre nosotros, entre todos. 3 &#8211; Habiendo observado que es en el nombre de un Dios particular, impuesto como universal, o en el nombre de un Bien particular, impuesto como universal, que se ha podido oprimir y destruir pueblos y civilizaciones, renuncio a invocar a mi Dios o a mi imagen de lo Verdadero, lo Bello y lo Bueno – contra ti, tu Dios y las imágenes de lo que consideras, según tu cultura y tu herencia, como los Verdadero, lo Bello y lo Bueno. Declaro la paz posible entre nosotros cuando compartimos nuestra ignorancia más que nuestros saberes y experiencias de lo Infinito, siempre impresos de nuestra finitud. Prefiero el asilo de esta “docta ignorancia” compartida en los campos de batalla de nuestros “pseudo-conocimientos” impuestos. 4 &#8211; Habiendo observado el impase al que nos conduce la búsqueda del progreso y de la producción a cualquier precio[1], quiero poner límites a mi deseo sin fin de enriquecimiento y explotación. Quiero concederme cada semana un tiempo de gratuidad y de reposo (Shabbat) ; esta gracia de paz y reposo, también quiero respetarla en ti. Parar juntos de hacer y producir, dar también a la tierra, a las plantas a los animales un tiempo de descanso y libertad, dejar de consumir para ir hacia una comunión con todo lo que vive y respira, pues el hombre no está hecho sólo para la acción y el trabajo, sino también para la contemplación, para la apertura desinteresada hacia todo aquello con lo que se encuentra: es en esta apertura donde descubre su esencia y el don del Ser que lo hace ser. 5 – Habiendo observado que los conflictos entre padre e hijo, madre e hija, hermanos y hermanas son el origen de los mayores sufrimientos y de las más íntimas violencias. Quiero hacer las paces/hacer la paz y honrar a mi padre, a mi madre, a mis hermanos y hermanas. No hay paz para aquel que no se ha reconciliado con su familia y sus antepasados, es como un árbol que quisiera crecer sin honrar a sus raíces. Hacer la paz con nuestros padres, estar en armonía con nuestros seres cercanos es una de las condiciones de nuestra salud, de nuestra felicidad y de la felicidad de todos. 6 – Habiendo observado que el crimen conduce al crimen y que a la violencia  a menudo se responde con una violencia mayor, quiero ser libre del homicida que hay en mí y, antes de nada, reconocer su presencia. Antes de matar pasando al acto, puedo matar con el pensamiento, el desprecio y los juicios. Descubrir en mí el origen de todas las guerras: la no-aceptación del otro en su irreductible diferencia y el no-reconocimiento de la vida que nos es común, del Aliento que compartimos. Juzgar al otro es juzgarme a mí mismo; matar al otro es matar la Vida que somos juntos. No matar ni en pensamientos, ni en palabras, ni en actos, es el gran ejercicio del hacedor de paz. Aceptar ser herido antes que ser homicida es participar de la fuerza indestructible y vulnerable del amor humilde, de la humildad del [&#8230;]]]></description>
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		<title>El diccionario enamorado de Jerusalén</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Feb 2010 15:40:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
				<category><![CDATA[Seleccionados]]></category>

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		<description><![CDATA[Se puede estar enamorado de Jerusalén? Se puede amar a una mujer tan vieja, de mirada cargada de tantos párpados, de cabeza pesada de cascos, coronas, boinas innumerables? Se puede amar un cuerpo que no es más que cicatrices a punto de abrirse o de ofrecerse bajo la sal de la violencia y de la pasión? El amor no vuelve ciego &#8211; los enamorados no ignoran que aquí hay guerra, pero los enamorados de Jerusalén saben que la guerra sólo es soportable para ellos, porque piensan &#8220;en otra cosa&#8221; y no en la guerra&#8230; Esto no los hace indiferentes, pero los sitúa a cierta altura o en cierta dulzura, desde donde las tragedias parecen menos necesarias, esto los hace más libres y capaces de saborear lo que quizá, en algunas horas, no será más que ruinas&#8230; Estar enamorado en Jerusalén, es &#8220;besarse otra vez&#8221; en el autobús del que todo el mundo se baja&#8230; Sólo el amor puede enfrentar así a la muerte, no para burlarse, sino para retirarle su suficiencia: ella no tendrá la última palabra. Los creyentes tienen &#8220;motivos&#8221; para amar Jerusalén, motivos que son memorias felices e infelices que los mantienen apegados a sus piedras tanto como a &#8220;memoriales&#8221;. Los enamorados no tienen otras razones de amar Jerusalén que su amor. &#8220;No deseamos algo porque es bello, es bello porque lo deseamos&#8221;, decía el filósofo Spinoza. Es, sin duda, porque todavía hay hombres y mujeres que aman Jerusalén que Jerusalén sigue siendo bella&#8230;David, Salomón, Helena, Solimán y otros enamorados de Jerusalén, también la han amado. Quisieron incluso hacerla &#8220;objetivamente&#8221; bella, enriqueciéndola de muros, cúpulas y campanarios&#8230; Su error ¿no fue quizás querer &#8220;objetivar&#8221; su amor? Algunos enamorados se extasían ante las joyas que han ofrecido y olvidan el cuerpo de la amada &#8211; nos extasiamos ante el muro, la cúpula o el campanario. Olvidamos la tierra desnuda, su luz, sus encantos&#8230;Permanecer enamorado en Jerusalén es, en cierto modo, permanecer ajeno a sus adornos, para contemplar mejor su desnudez o su .esencia. Por otra parte, Jerusalén no estuvo siempre tapizada de oro o de terciopelo&#8230; El enamorado debe de ser libre también frente a sus monumentos al horror y lúcido ante el estado de sus crímenes. Entonces, como Baudelaire, hay que ser capaz de amar una &#8220;carroña&#8221;, guardar vivo en uno el deseo de su &#8220;esencia&#8221;. Pues Jerusalén ofrece a menudo el espectáculo asqueroso de una carcasa soberbia. &#8220;Las piernas por alto, como una mujer lúbrica, ardiente y sudando venenos abre de una manera indolente y cínica su vientre lleno de exhalaciones&#8221;. El enamorado lúcido de &#8220;la tres veces santa&#8221; será capaz de decirle: El enamorado, está siempre enamorado de una esencia más que de un cuerpo, y en Jerusalén, &#8220;la esencia es divina&#8221;, ni que decir tiene que escapa a todos los príncipes y a todas las opresiones políticas o religiosas. Esta &#8220;esencia que escapa a toda descomposición&#8221; es, no sólo el alma de la ciudad, sino el amor de todo amor &#8211; el Amor es el único Dios que no es un ídolo &#8211; sólo lo poseemos dándolo. Sólo lo encontramos perdiéndolo. Hay que darle mucho a Jerusalén si queremos recibir algo de ella y como en cualquier parte, hay que perderse en ella para encontrarse, encontrar los límites exactos (que no intactos) de lo humano hasta la fabricación de sus leyes y de sus dioses. &#8220;Esto no es amor&#8221;, dice el mito de Tristán &#8220;que torna a la realidad&#8221;. El enamorado no es el propietario, no posee el objeto de su amor. Habría que decir &#8220;no lo conoce&#8221;, &#8220;no todavía&#8221;, piensa. Estar enamorado de Jerusalén no es poseerla, o pretender conocerla. Es acercarse a ella soñando, ebrio de un deseo más que de un placer. Gozar de Jerusalén, poseerla, no sólo la alegría del enamorado &#8220;recibiría un duro un golpe&#8221; sino que provocaría los golpes&#8221;. El objeto es deseado por demasiados pretendientes&#8230; si todos permanecieran enamorados, la prometida permanecería siempre posible, tierra siempre &#8220;prometida&#8221;, todo el mundo disfrutaría de ella, pero si por desgracia uno de ellos la posee, es la desgracia para todos &#8211; la envidia y el crimen.  Cuando desde la colina de los olivos, contemplo &#8220;las puertas doradas&#8221;, las puertas cerradas, por las cuales, según las tres tradiciones, el Mesías debe venir o volver, entiendo que el Mesías es &#8220;aquel que abre las puertas&#8221;, que derriba los muros. No destruirá Jerusalén, hará de ella &#8220;una ciudad abierta&#8221;, la morada de lo Abierto. Una casa o un templo para albergar al viento y recibir a las plantas, las hormigas, los humanos y las demás estrellas. El Mesías devolverá a los hombres sus alas y su levedad perdidas, caminarán entonces &#8220;en la tierra como en al cielo&#8221;.  &#8221;El que enseñe a volar a los hombres del futuro, habrá superado todos los límites; para él, los límites se evaporarán en el aire. Bautizará de nuevo la tierra: la llamará &#8220;la ligera&#8221;, la tierra y la vida le parecen pesadas y es lo que quiere el espíritu de pesadumbre! El que quiera ser ligero como un pájaro debe amarse a sí mismo.[2] O Jerusalén&#8221;, espera a un Mesías enamorado o a un niño. &#8220;El Juez de toda la tierra&#8221;; si te arranca las máscaras es para acariciar tu rostro, si rasga tus vestidos demasiado gruesos o demasiado religiosos es para beber del agua viva de tus senos, de &#8220;la fuente sellada&#8221;.[3] Extraído y traducido de: &#8220;Dictionnaire amoureux de Jérusalem&#8221;, Jean-Yves Leloup, Ediciones Plon, 2010. Traducción :. M.L. González [1] Baudelaire, Las flores del mal [2] Nietzsche , &#8220;Así habló Zaratrustra&#8221; [3] Cantar de los cantares, IV, 12 FNAC France]]></description>
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		<title>Maria Magdalena en el camino hacia la Sainte Baume</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Sep 2008 12:50:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
				<category><![CDATA[Seleccionados]]></category>

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		<description><![CDATA[                                                                                    Ediciones Presses Renaissance  2008  La vida salvaje y evangélica de Myriam de Magdala  en la Sainte Baume (Francia)   Myriam tenía hambre. No sabía cazar. En el bosque de la St Baume como en  los bosques de otros lugares, las codornices no caen del cielo bien asadas y nadie ha oído hablar del maná con sabor a miel que podría recogerse cada mañana sobre las rocas o entre el musgo. Para quien tiene hambre ¿qué peso tienen la filosofía, la espiritualidad, la poesía, ante un plato de lentejas? Ninguno… ¿Que más nos dan los discursos sobre la verdad, sobre el amor, la paciencia, la impermanencia de todas las cosas etc. cuando tenemos el estómago vacío y que el estómago ocupa todo el espacio y nos devora el corazón y el resto? Myriam no pensaba en nada más, no vivía por nada más que para un plato de lentejas. Los árboles de la St Baume podían darle toda clase de flores, y de perfumes, eso sólo la irritaba y le hacía sentir más hambre. &#8220;Tengo hambre&#8221; &#8211; ¿es una plegaria que Dios no oiría? Ese día todas las  palabras de Yeshua (Jesús) le parecieron vanas, más bien insultantes : &#8220;No os inquietéis por vuestra vida, lo que comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué lo vestiréis.&#8221; ¿Es que Yeshua nunca había tenido hambre? ¿Nunca había caminado desnudo en pleno invierno, por un bosque hostil por hablar así? Myriam tenía hambre, estaba desnuda, estaba inquieta por su vida, estaba dispuesta a renegar todo el Evangelio que había escuchado por un plato de lentejas. Que quién no haya tenido nunca el vientre vacío, que aquél que no haya tenido nunca hambre le tire la primera piedra&#8230; Todos los textos de sabiduría, sólo han sido escritos para vientres llenos, &#8211; pensaba, para aquellos que se pueden permitir el lujo de tener un espíritu, o un alma grande porque no tienen un vientre que les duele de hambre. Myriam comprendió que no era más que una bestia, ella a quien creían la prometida de un Dios, ella a quien tomaban como la &#8220;Sophia&#8221; (la sabiduría)&#8230; No, un animal, una mujer salvaje que no sabía cazar, pero que sentía toda clase de garras, estaba dispuesta a abalanzarse sobre cualquier cosa, o cualquiera, se olvidó del plato de lentejas, era una imagen, un pensamiento, un recuerdo de más que la cortaba de su instinto, de su impulso a hacer lo que era justo en el momento presente. Se echó a tierra y fue arrastrándose cuando, con la nariz entre las hojas, encontró su comida. Pero ¿Era una nariz? Más bien un morro como el de los jabalíes, sus hermanos del bosque, no era un plato de lentejas lo que descubría, ni nada conocido, aquello  tenía un sabor y un olor indescriptibles, era sin duda lo que más tarde llamaríamos trufas… Se alimentó también de un poco de tierra y hierbas y bebió de la fuente. Entendió entonces lo que Yeshua quería decir con “no inquietarse por nada”, quería decir no aumentar, con su hambre futura, su hambre en el presente, no aumentar con su posible dolor en el futuro el dolor en el presente. Así basta. Lo que nos es dado en el momento presente es lo único necesario. Myriam observó a los animales del bosque con más atención. Efectivamente no se inquietaban por el mañana, parecían inquietarse sólo cuando sentían hambre, pero no, no se inquietaban, se despertaban, tenían hambre y era el hambre quien les dictaba los acciones necesarias para encontrar el alimento que necesitaban antes de volver al descanso, a la tranquilidad que parecía ser su naturaleza esencial. “¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? ¿Cómo la Vida puede ser alimento? Los Discípulos, indicándole el bosque de la St Baume como refugio imaginaban sin duda que se alimentaría “de amor y agua fresca”. ¿Sabían realmente lo que era el hambre? Y ella ¿sabía lo que era “alimentarse de la Vida”? Fue allí para aprenderlo… Necesitó varios meses para aprender que “el hombre no vive sólo de pan”, de lentejas, de trufas con tierra o de codornices caídas del cielo; pero de aire y aliento… Aprendía a respirar profundamente, y había en ello un alimento sutil, nunca lo pensó, ni lo imaginó, sin embargo se acordó que Yeshua comía tan poco, excepto cuando estaba con su amigos, la buena carne y el buen vino, sabía apreciarlo con sus amigos. Cuando los discípulos se inquietaban sobre su hambre, El respondía  “ tengo para comer un alimento que no conocéis… mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre.” Tantas palabras extrañas que ahora comprendía mejor. “Abba” no era par Él sólo una palabra, sino una Presencia, la Presencia que le acompañaba y esta Presencia le llenaba, no sólo el corazón y el espíritu, sino también el vientre,  permanecía todo Él, entero, en su Presencia… Se acordó también de otra palabra “Yo soy” es el pan de vida. &#8220;El que coma de mí nunca más tendrá hambre” Estas palabras habían hecho huir a muchos discípulos. “¿Cómo nos daría su cuerpo como comida?” Ahora entendía. “Yo soy” es el pan de vida. Si ella permanecía en Su presencia, como Él permanecía en presencia de la Conciencia infinita que Él llamaba su Padre, entonces sería alimentada “cuerpo, alma y espíritu”. Fue así como comenzó a invocar Su Nombre “Yeshua”, al ritmo de su respiración… Los efectos no se hicieron esperar – Yeshua – “Yo Soy” permanecía verdaderamente en ella, calmaba todos sus apetitos, todas sus inquietudes. Afrontaba cada prueba en Su Presencia, de una en una, el sufrimiento, de uno en uno, el placer, de uno en uno… Sin preocuparse de lo que iba a pasar – lo que pasara sería un presente, una ocasión de Ser con “Yo Soy”, en Su Presencia… Mañana no existe, nunca ha existido. Jamás ha existido otra cosa que el “hoy”, ayer cuando lo viví era un “hoy”, mañana no podré vivirlo más [&#8230;]]]></description>
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		<title>El Padre Nuestro &#8211; &#8220;Dios no existe, le rezo todos los días&#8221;</title>
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		<pubDate>Fri, 14 Sep 2007 13:41:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
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		<description><![CDATA[El trato cotidiano con la oración de Yeshua, es lo que transforma nuestras preguntas más íntimas en fuentes vivas de maravilla y contemplación :   ¿Quién es mi padre &#8211; quién es mi madre? ¿Cuáles son mis raíces, mis orígenes? ¿Quién es el Padre, el origen, el Principio de los mundos, el origen de las cosas, el origen del ser que tiene un rostro? ¿De dónde me viene la experiencia de la paternidad, de la maternidad? ¿Qué digo cuando digo &#8220;Abba, Padre nuestro que estás en los cielos&#8221;?   ¿Cuál es mi nombre? ¿Cuál es nombre por el cual la Vida me llama a ser? ¿Quién soy? ¿Cuál es el nombre del Ser que es? ¿Cuál el nombre del Yo SOY que soy? ¿Cómo discernir ese Nombre, diferenciarle de todos los nombres, honrarlo? ¿Qué es lo que digo cuando digo: &#8220;Abba-Padre santificado sea tu Nombre&#8221;?   ¿Quién es el maestro-dueño de mi deseo? ¿Qué-quién reina sobre mí? ¿Quién me liberará de cualquier forma de tiranía exterior o interior? ¿En quién puedo depositar mi deseo, confiar, abandonarme? ¿Qué digo cuando digo: &#8220;Abba-Padre, venga a nosotros Tu Reino?   ¿Qué quiero verdaderamente? ¿Qué quiere en mí? ¿Qué quieren la vida y el Amor en mí? ¿Qué digo cuando digo: &#8220;Abba-Padre  hágase Tu voluntad&#8221;?   ¿Qué es lo que realmente me alimenta? ¿Cuál es el alimento de mí Ser esencial? ¿Qué es lo único y lo &#8220;más necesario&#8221; para vivir? De lo que se come se cría- nos convertimos en lo que comemos, ¿En qué me estoy convirtiendo? ¿Qué digo cuando digo: Abba-Padre danos hoy el alimento necesario a nuestra vida? ¿Qué debo? ¿Qué me deben? ¿Cuáles son mis deudas y mis deudores? ¿Qué es lo que no me perdonan? ¿Cuáles son mis errores, mis ofensas, mis omisiones? ¿Qué es lo que no perdono a los demás? ¿Qué es lo que no me perdono? ¿Quién que perdona en mí, qué parte de mí perdona? ¿Se puede perdonar lo imperdonable? ¿Qué digo cuando digo: &#8220;Abba-Padre perdona/libera nuestras deudas/ofensas como nosotros perdonamos/liberamos a nuestros deudores?   ¿Qué es lo que me tienta? ¿Qué es lo que me desvía del camino que siento como justo para mí? ¿Qué es lo que me aleja y me hace olvidar lo que &#8220;Yo Soy&#8221;? ¿Qué es lo que me pone a prueba? ¿Cuál es mi mayor adversidad, aquella que me conduce a desesperar, a no creer, a no amar? ¿Qué en mí es más fuerte que la tentación y me permite no ser arrastrado por la prueba/adversidad, ni identificarme a mi experiencia? ¿Qué me impide hundirme? ¿Qué digo cuando digo: &#8220;Abba -Padre no nos dejes caer ante la tentación/la prueba?   ¿Qué me impide estar en paz, ser feliz y libre? ¿Qué hace obstáculo en mí al Amor, a la verdad y la Vida? ¿Qué es lo peor, lo más obscuro, lo más perverso en mí? ¿Qué puede ser peor que lo peor de mi mismo? ¿Qué me liberará de mis funcionamientos más perversos? ¿Que me permitirá aceptar mi sombra y ser libre ante ella? ¿Qué digo cuando digo: &#8220;Abba-Padre  líbranos del mal, de lo perverso? ¿Qué digo cuando digo al fin :&#8221;YHWH, Señor, a TI el Reino, el Poder y la Gloria? (&#8230;) Yeshua de Nazaret nunca transmitió la &#8220;Ley&#8221; a sus discípulos (Thora, sharia o dharma). Les transmitió una oración, es decir un arte de vivir en relación de instante en instante con aquello que nos da fundamento y nos hace estar vivos. Este fundamento, esta Fuente de vida Yeshua la llamó &#8220;Abba&#8221; (padre, papá), lo que no quiere decir nada o simplemente que no estamos aquí por casualidad o por necesidad, sino que somos &#8220;amados&#8221;, llamados a ser y a se libres con los demás seres y que lo mejor que podemos hacer, si no queremos desaparecer, es amarnos. Yeshua nos ha transmitido un deseo, una orientación del corazón y de la inteligencia hacia Lo Libre, Lo Bello y Lo Bueno. El deseo de otro reino que el que domina entre los hombres, otra fuerza que los poderes qui están en boga en nuestras ciudades, otra gloria  que la que brilla en nuestras pantallas&#8230;Pero no es &#8220;otro mundo&#8221;, es sin duda el mismo pero  amado y vivido “de otra manera” con el otro. Nos ha transmitido una calidad de atención, de Aliento que nos une a todo lo que vive y respira. Permanecer en ese aliento y esa vigilancia ya no es recitar su oración, es &#8220;ser&#8221; su oración, es &#8220;estar con ÈL hasta el fin del mundo&#8221;. &#8220;El (Yo Soy) en nosotros y nosotros en El&#8221;   Traducción ML González]]></description>
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		<title>Hacia un arte de vivir y de morir en paz</title>
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		<pubDate>Tue, 10 Jul 2007 14:18:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
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		<description><![CDATA[Boletín interactivo del Centro Internacional de Investigaciones y estudios Transdisciplinarios (CIRET) nº 19 &#8211; Julio 2007  Es tiempo para el diálogo. El diálogo entre hombres y mujeres de diferentes tradiciones es de la mayor urgencia, si queremos evitar dramas sangrientos en primera plana de la actualidad. Un tema de encuentro se impone: el del &#8220;arte de morir&#8221; de los grandes textos presentados en &#8220;El libro de los muertos&#8221;, el Bardo-Thödol&#8221; tibetano, el Libro de los muertos de los antiguos egipcios y el &#8220;Ars-Moriendi cristiano[1]  La muerte es lo que irremediablemente tenemos en común, y tenemos formas muy diversas de celebrarla, de acompañarla, de esperarla o de temerla. Es el tema de nuestras convergencias más sencillas y de nuestras oposiciones más flagrantes.  De nuevo, nos hace falta aprender a no mezclar y a no oponer, sino a &#8220;distinguir para unir&#8221;, si queremos evitar sincretismos y sectarismos.  Más allá de nuestra diversidad de razas, religiones, medios sociales, es bueno recordar que todos somos &#8220;color de piel&#8221; o color &#8220;barro&#8221; (adamah en hebreo); de este modo el interés de estos libros no es sólo enriquecer  nuestra erudición, como lo haría un libro de antropología clásica o de etnología, sino abrir nuestra conciencia y nuestra responsabilidad frente al tema de la muerte.  Aun teniendo en cuenta los a priori y las consecuencias de un humanismo cerrado y desesperado, nos invitan sobre todo a un &#8220;humanismo abierto&#8221;, en donde el hombre no se reduciría a la suma de los elementos que lo componen, como ya han señalado Elisabeth Kübler-Ross y Marie de Hennezel, la muerte es &#8220;el momento más alto de nuestra vida&#8221; y la ocasión quizás de &#8220;pasar&#8221; a otra frecuencia. Este &#8220;paso&#8221; no le quita ni intensidad ni sinceridad del drama que puede vivirse en ese momento : en presencia del sufrimiento y de la muerte, más vale ante todo guardar silencio.  Los amigos de Job tuvieron esa decencia. Viendo a su amigo irreconocible a causa de  la desgracia y del mal perverso que lo carcomía, permanecieron en presencia silenciosa cerca de él uniéndose con su silencio  a ese espacio íntimo donde las palabras no tienen curso y donde las mismas lágrimas son vanidad y pérdida de tiempo.  &#8221;Fijando la mirada en Job, no lo reconocieron. Entonces, estallaron en lágrimas., rasgaron sus vestiduras y echaron  polvo sobre sus cabezas. Permanecieron así durante siete días y siete noches. Ninguno de ellos le dirigió la palabra, ante el espectáculo de tan gran dolor&#8221; (Job 2,12-13)  La actitud de los amigos de Job es significativa, se comportan como buenos terapeutas:  - primero tienen corazón, un corazón que tiene sentimientos, emociones y se autorizan a expresarlos. Sus lágrimas no son fingidas, ni reprimidas. Existe en ellos ese asombro doloroso, esa compasión ante el sufrimiento de otro, el &#8220;desgarro de las vestiduras&#8221; simboliza las &#8220;convenciones sociales&#8221; en las que no podemos mantenernos cuando el dolor nos conmueve realmente; - después está el silencio, esa presencia silenciosa al lado de  la persona amada, esa escucha sin condiciones que permitirá expresarse a Job, decir su pena, su deseo de que todo acabe; le permitirá incluso blasfemar y maldecir el día de su nacimiento.  Sólo cuando la queja se hizo demasiado amarga y demasiado larga se permitieron responderle y quizás fue ahí cuando se mostraron menos buenos terapeutas. Sus interpretaciones, en lugar de aliviar el sufrimiento de Job, lo hundían aún más, pues no podían aceptar ese frente a frente con lo absurdo y la falta de explicación ante el sufrimiento.]]></description>
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		<title>Un arte de la atención</title>
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		<pubDate>Sat, 14 Sep 2002 12:40:09 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
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		<description><![CDATA[                              Ediciones Albin Michel 2002   El despertar del corazón   &#8220;En el momento de entrar en una vía, de seguir un camino, pregúntate si esa vía tiene corazón&#8220;, decía Don Juan, el iniciador de Carlos Castaneda.  No se trata aquí del corazón físico, ni siquiera del corazón afectivo y emocional, sino del corazón como centro de integración de todas las facultades de la persona, ese corazón &#8211; &#8220;centro&#8221; del hombre &#8211; del que dan testimonio todas las tradiciones espirituales de la humanidad.  Uno de los dramas del hombre contemporáneo, es que ha perdido su corazón. Entre el cerebro y el sexo, no hay nada; a veces, sin embargo, una inmensa nostalgia&#8230; pero a menudo pasamos de los análisis más fríos a los desbordamientos pulsionales más irreflexivos. El hombre, habiendo perdido su centro de integración, de personalización de su ser : el corazón, se vuelve así cada vez más esquizofrénico.  Una inteligencia sin corazón no es verdaderamente humana. Un ordenador, cuando se multiplican sus bancos de memoria, es más inteligente que el hombre. La inteligencia sin corazón, &#8220;la ciencia sin conciencia&#8221;, ilumina nuestras sociedades con una luz fría, donde el hombre &#8220;se hiela&#8221;, se analiza y se aburre.  Una sexualidad sin corazón no es una sexualidad verdaderamente humana, sea cual sea la cantidad de intensidad de nuestras pulsiones. Sólo en una relación de persona a persona que el placer breve puede transformarse en felicidad duradera. &#8220;En el verdadero amor &#8211; decía Nietzsche &#8211; es el alma el que envuelve al cuerpo&#8221;.  Es el corazón el que da sentido a nuestras caricias, como es el corazón quien puede orientar los descubrimientos de la inteligencia (p.ej la física nuclear) en un sentido  positivo para la vida de la humanidad.  Estamos en la época de los neones y de las coberturas eléctricas, de luces frías y de calor opaco. No nos calentamos cerca de un neón eléctrico, no nos alumbramos cerca de una manta eléctrica. Hemos perdido la llama que es al mismo tiempo luz y calor. &#8220;Redire ad cor&#8221; &#8211; &#8220;retorna a tu corazón&#8221;, la palabra del profeta está más que nunca de actualidad.  Traducción : M.L. González]]></description>
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		<title>Lo absurdo y la gracia</title>
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		<pubDate>Tue, 26 Nov 1991 16:12:15 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
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		<description><![CDATA[ Albin Michel 1991 legando a Estambul, caí gravemente enfermo. Después me dijeron que debí haber sido envenenado, pero no encuentro a quien acusar, sino a mí mismo, que en mi indiferencia, podía comer lo que quedaba en las calles después de un mercado y beber aguas que no brotaban  de fuentes. Comía tan poco, que creo que fue en las aguas sucias del Bósforo que habría que buscar el microbio fatal. Me encontraron en la calle sin conocimiento. Viendo que era europeo me condujeron a un hospital donde todavía vivían médicos y enfermeros franceses. Después de los exámenes usuales, como un electroencefalograma, me declararon « muerto ». No era el primero de esos jóvenes europeos que encontraban en ese estado. Droga, miseria, envenenamiento, daba igual, se les declaraba muertos enseguida  y, si no tenían papeles, lo que era mi caso, no tardaban mucho en enterrarlos, lo que iba a ser mi caso.  Decidieron, sin embargo esperar un poco y me instalaron  en una habitación fresca y apartada. Contar lo que viví entonces me parece bastante difícil ; primero porque con un electroencefalograma plano, ya no se piensa y también porque mi experiencia no tiene nada de original cuando se conocen los relatos de « near death experience », experiencias cercanas a la muerte, de los que se habla hoy. Me sigue sorprendiendo la abundancia de imágenes y de luz de estos rescatados de la muerte. Para mí fue más bien el vacío. Nada, pero confieso no haber conocido nunca un estado tal de plenitud semejante a ese vacío a esa nada. Intentaré ser lo más honesto posible y describir con palabras lo que sé, fuera del alcance de las palabras. En efecto, los conceptos pertenecen al espacio-tiempo y se refieren siempre a « algo » o al mundo.  Ahora bien, esta experiencia no fue vivida en nuestro espacio-tiempo y permanece fuera del alcance de los instrumentos forjados en esa dimensión. Ante todo, “yo no quería morir”! Había deseado la muerte, me había preparado de muchas maneras, conscientes e inconscientes y, en el momento en que llegaba, yo decía no! Tengo miedo, y cuanto más digo no, más sufro… algo intolerable, una rebeldía de todo mi cuerpo, de toda mi psique, no! Y, ante lo ineluctable, lo intolerable sobre todo del sufrimiento, algo en mi se rompe, se hunde y al mismo tiempo acepta. Para qué luchar, sí, acepto… En ese mismo instante del sí, todo dolor se desvaneció. No sentía nada o algo muy liviano. Entendí el símbolo del pájaro, que se utiliza para representar el alma. Yo seguía en mi cajita o en jaula, pero el pájaro ya extendía sus alas, emprendía el vuelo. Sensación de espacio “horizonte no impedido”, pero siempre la conciencia extremadamente viva, luminosa, que percibía al mismo tiempo en mi cuerpo y fuera de él. Luego, para retomar la imagen (inadecuada) “el pájaro salió de su jaula”, salió del cuerpo y del mundo que lo rodeaba. Pero el pájaro tenía todavía su conciencia de pájaro, autónoma y bien diferenciada de su jaula El “alma” existe realmente fuera del cuerpo que informa y anima. Esto ha sido corroborado por muchos otros. Y luego… ¿cómo decir? Como si el vuelo saliera del pájaro, un vuelo que continúa sin el pájaro y que se une al Espacio… Ya no hubo más conciencia, “conciencia de algo”, cuerpo, alma o pájaro : nada… Pero ese nada, ese no-thing (no-cosa dicen mejor los ingleses) era el Espacio que contenía el vuelo, la jaula y el pájaro,  esta vastitud contenía la conciencia, el alma y el cuerpo, no era nada en particular, nada determinado, informado. Eso era Nada, eso Es… Es todo lo que puedo decir. Durante “ese tiempo” o mejor dicho  durante la “salida de ese tiempo”, se preparaba mi entierro… ¿Que sucedió? Recuerdo sólo un hombre que gritó en francés : “No está muerto!” Y comenzaron entonces las cosas desagradables para reanimarme. El vuelo volvió al pájaro, el pájaro bajó a la jaula, el pájaro sofocaba, no conseguía respirar, le pusieron en los pulmones “un aire que no era el suyo” le inyectaron en las venas toda clase de líquidos que no eran su sangre… Cuando comenzó a gemir  todo el mundo se sintió aliviado : “Está saliendo del coma”. Traducción : María Luisa González Albin Michel Réedition 2001]]></description>
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		<title>El Evangelio de Tomás</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Sep 1986 13:24:10 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
				<category><![CDATA[Seleccionados]]></category>

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		<description><![CDATA[Albin Michel 1986   Logion 42  Jesús decía: Estad de paso.   El tema de la Pascua &#8220;estar de paso&#8221;, en tránsito es importante en el cristianismo (Peschar, la Pascua quiere decir  paso, tránsito en hebreo), Somos peregrinos y pasajeros en la tierra. Estamos de paso&#8230; No construimos nuestra casa en un camino o sobre un puente. Hay que pasar. Los años pasan. Todo pasa. ¿Qué es lo que no pasa?  Psicológicamente es ya signo de salud considerarse de paso: es la Realidad. Saber que ese sufrimiento intolerable &#8220;pasará&#8221;, lo hace algo más soportable. Saber que ese placer fascinante &#8220;pasará&#8221; nos hace más libres y nos entristecemos menos cuando se aleja.  Conocemos la historia de ese rey que un día soñó que poseía un anillo maravilloso. Cuando estaba deprimido o era desgraciado y lo miraba sentía una gran calma en él. Cuando estaba muy entusiasta o se abandonaba a una exaltación intempestiva, si miraba el anillo, de nuevo sentía la calma y su alegría se hacía apacible. En la mañana, al despertarse, el rey pidió a sus servidores que realizaran para él semejante anillo o encontrar uno semejante en el reino&#8230;  Después de mucha búsqueda los sirviente encontraron el anillo en el dedo de una anciana que exteriormente no parecía tener nada de &#8220;extra-ordinario&#8221;, simplemente estaba serena. Con gusto le dió el anillo al rey. El efecto mágico o maravillo fue inmediato. Después de unos días el rey parecía haber salido de sus estados maniaco-depresivos de ese ciclo sin fin de exaltaciones y depresiones. Más allá de la risa o el llanto descubrió la belleza de la sonrisa. En el interior del anillo únicamente estaba escrito con letras de oro: &#8220;Esto también pasará&#8221;. Es bueno recordar esta frase cuando estamos en una cama de hospital: &#8220;Esto también pasará&#8221; o cuando no podemos separarnos del abrazo amoroso tanta es la felicidad: &#8220;¡Esto también pasará!&#8221; Impedir que el flujo y el reflujo de la vida pasen, es esto lo que causa el sufrimiento, dejar pasar lo que pasa, permanecer en lo que permanece.  &#8220;Estad de paso&#8221; Significa también estar en camino hacia la otra orilla, de las tinieblas hacia la luz de &#8220;ese mundo&#8221;, hacia el Padre decía Jesús. Pasar de lo pasa a lo que no pasa, despertar a la vida no nacida, resucitada, a la otra orilla de sí mismo. Se decía de san Bernardo que tenía el rostro de alguien que va hacia Jerusalén, el rostro de alguien que está de paso con una mirada terriblemente atenta.  El que está de paso ve todo por primera y última vez. No mirará hacia atrás. Saborea cada instante como el lugar mismo del paso hacia el Eterno presente.  Descubierta a principios del siglo XX, esculpida en caracteres árabes sobre el porche de la antigua ciudad Fateh-pu-Sikri, construida al sur de Delhi por el Gran Mogol Akbar el Justo, podemos leer este eco de nuestro logion:  &#8220;Jesús, la Paz esté sobre Él, ha dicho: el mundo es un puente - pasa por encima pero no hagas de él tu casa.&#8221;   Estás palabras siempre atribuidas a Jesús, son citadas por varios autores musulmanes como Al-Ghazali (1059-1111) entre otros.  ]]></description>
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