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	<title>Jean-Yves Leloup</title>
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	<description>Sitio en lengua española Jean-Yves Leloup</description>
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		<title>El despertar del corazón</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2017 12:45:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
				<category><![CDATA[Seleccionados]]></category>

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		<description><![CDATA[La tradition contemplativa de los hesicastas El hesicasmo (del griego hesychia: ‘paz’) es la tradición milenaria que nos enseña esas ‘artes de artes’ que son la meditación y la plegaria en el cristianismo, desde los Padres del desierto hasta nuestros días. Método ascético y místico, el hesicasmo se basa en la contemplación y la invocación del nombre de Jesús para alcanzar la comunión con Dios. El padre ortodoxo Jean-Yves Leloup nos transmite lo que él mismo recibió en el monte Athos y durante sus estadías en ermitas de Oriente y Occidente. Tanto históricas como teológicas, las diversas aproximaciones de estos escritos, así como su confrontación con la antropología comparada y el aporte de testimonios contemporáneos hacen de este volumen una introducción seria y viviente al espíritu y la práctica del hesicasmo. Esta tradición, todavía poco conocida en Occidente, constituye una de las fuentes del cristianismo más puro, y representa un tesoro del patrimonio espiritual de la humanidad. Sennin, Buenos Aires , 2014 &#160;]]></description>
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		<title>Después de los atentados</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2017 12:34:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inéditos]]></category>

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		<description><![CDATA[En lugar de luchar contra el mal, poniéndose a su nivel, compartiendo a nuestro pesar su energía destructora, sin duda sería más sabio fortalecer en nosotros el bien o lo que consideramos lo mejor. Fortalecer lo que es sano puede liberarnos desde dentro de lo que nos enferma. No tenemos nada que temer de los seres sanos, de corazón abierto e inteligencia viva, sean ateos, musulmanes, judíos o cristianos, sea cual sea su raza, su edad, su partido político, su riqueza o su pobreza… Tenemos todo que temer de los seres enfermos y malsanos, de corazón cerrado e inteligencia estrecha, intolerante, sean ateos, musulmanes, judíos o cristianos. Sea cual sea su raza, su edad, su partido político, su riqueza o su pobreza… Nuestra acción consistirá en fortalecer en nosotros y en todo lo que nos rodea la salud, la apertura del corazón y el despertar de la conciencia; frente a estas realidades, la estupidez, la violencia y el odio no pueden nada, por el contrario, lo que estas realidades confronten será considerado como una prueba, una ocasión de crecimiento en sabiduría y en amor, y al menos de esta manera no se añadirá mal al mal, sufrimiento al sufrimiento, odio al odio… Esta fuerza y esta sabiduría de un vencedor sin vencidos ni víctimas; ¿Es posible? Podemos imaginar que sí (creerlo), y vivirlo, realizarlo: “¡Tú puedesǃ” nos dicen los santos, los sabios y los terapeutas de nuestra humanidad siempre y para siempre en un devenir constante.]]></description>
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		<title>A propósito de la COP21</title>
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		<pubDate>Mon, 23 Jan 2017 12:29:37 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inéditos]]></category>

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		<description><![CDATA[¿Es el hombre una enfermedad de la tierra ? ¿Una enfermedad de la piel y de la corteza ? ¿Una perturbación del ozono, una falta de aire, su asfixia a corto o largo plazo ? ¿Es el hombre la Conciencia de la tierra ? ¿El que cuida de su salud, de su belleza para que el « caos » el « tohu wa bohu » llegue a ser cosmos, armonia ? ¿Es el hombre el sueño o la pesadilla de la tierra ? ¿Cómo ella se ve, se realiza a traves suyo ? ¿Campo de ruinas y de basura o vasto, maravilloso jardin ? Jean-Yves Leloup ]]></description>
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		<title>Hacer las paces, hacer la paz</title>
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		<pubDate>Tue, 04 Nov 2014 17:04:05 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
				<category><![CDATA[Seleccionados]]></category>

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		<description><![CDATA[El decálogo: diez palabras para la paz Preliminares a una revolución ética Leyendo el libro de entrevistas del Dalai-Lama y de Stéphane Hessel “Declaremos la paz”, me preguntaba qué podría ser una “declaración de paz”. El libro no lo dice, pero da a entender que ésta no puede ser proclamada sin una transformación del espíritu de cuya posibilidad desde este mismo momento dan testimonio las neurociencias y las prácticas de meditación más antiguas y contemporáneas. Esta revolución del espíritu (o metanoia) es ante todo una revolución ética, que puede ser apoyada por la Declaración Universal de los Derechos Humanos (ONU 1.948) y la Carta de la Tierra (1.987). La fuente de esta revolución ética, todavía por hacer, parece encontrarse en el libro del Éxodo, capítulo 20 y en el Deuteronomio capítulo 5; dos libros que pertenecen a la Biblioteca hebraica (la Biblia) y que serán retomados total o parcialmente en las bibliotecas del cristianismo (los evangelios) o del Islam (el Corán). ¿Podemos leer estas 10 Palabras como el inicio, el prólogo a una declaración de paz, inspiración o revelaciones que pueden conducir a una verdadera revolución, por la cual cambiarían los comportamientos violentos del ser humano con respecto a la tierra y a sus habitantes? Se tratará en un principio  de traducir estas 10 Palabras a un lenguaje de declaraciones y cartas contemporáneas dirigidas no a una humanidad abstracta sino a una persona en particular – esta persona puede ser un miembro de nuestra familia – o ese enemigo interior, esa dualidad que cada uno de nosotros lleva dentro. Descubriremos entonces la exigencia y el compromiso que implican semejante declaración de paz: la revolución que está por venir, es decir nada menos que la supervivencia de la humanidad que depende primero de una revolución ética, personal e interpersonal antes de ser internacional o interreligiosa. La paz entre todos depende de la paz entre nosotros (personas cercanas, próximas). La paz del “gran nosotros” depende de la paz entre yo y yo, la paz conmigo mismo y luego la de la paz entre tú y yo. Decálogo de la paz 1 / 2 &#8211; Habiendo observado que la oposición entre religiosos y religiones está en el origen de los conflictos y las guerras más sangrientos, no quiero imponerte ningún dios, ningún ídolo, es decir, ninguna imagen o representación de lo Absoluto, y al mismo tiempo respeto cada una de los imágenes y representaciones de lo Absoluto que hayas podido forjarte a partir de tu experiencia, de tu pensamiento o de tu imaginación. Respeto todas las “ideas” y todos los dioses y no adoro a ninguno de ellos – sólo lo Absoluto es Absoluto y es irrepresentable, inconcebible,  incapturable, infinito… “Él Es lo que es”, “Él es Yo soy”, la libertad en cada uno de nosotros. Él Es lo Real que nos falta y que nos une. Él es lo invisible, el espacio entre nosotros, entre todos. 3 &#8211; Habiendo observado que es en el nombre de un Dios particular, impuesto como universal, o en el nombre de un Bien particular, impuesto como universal, que se ha podido oprimir y destruir pueblos y civilizaciones, renuncio a invocar a mi Dios o a mi imagen de lo Verdadero, lo Bello y lo Bueno – contra ti, tu Dios y las imágenes de lo que consideras, según tu cultura y tu herencia, como los Verdadero, lo Bello y lo Bueno. Declaro la paz posible entre nosotros cuando compartimos nuestra ignorancia más que nuestros saberes y experiencias de lo Infinito, siempre impresos de nuestra finitud. Prefiero el asilo de esta “docta ignorancia” compartida en los campos de batalla de nuestros “pseudo-conocimientos” impuestos. 4 &#8211; Habiendo observado el impase al que nos conduce la búsqueda del progreso y de la producción a cualquier precio[1], quiero poner límites a mi deseo sin fin de enriquecimiento y explotación. Quiero concederme cada semana un tiempo de gratuidad y de reposo (Shabbat) ; esta gracia de paz y reposo, también quiero respetarla en ti. Parar juntos de hacer y producir, dar también a la tierra, a las plantas a los animales un tiempo de descanso y libertad, dejar de consumir para ir hacia una comunión con todo lo que vive y respira, pues el hombre no está hecho sólo para la acción y el trabajo, sino también para la contemplación, para la apertura desinteresada hacia todo aquello con lo que se encuentra: es en esta apertura donde descubre su esencia y el don del Ser que lo hace ser. 5 – Habiendo observado que los conflictos entre padre e hijo, madre e hija, hermanos y hermanas son el origen de los mayores sufrimientos y de las más íntimas violencias. Quiero hacer las paces/hacer la paz y honrar a mi padre, a mi madre, a mis hermanos y hermanas. No hay paz para aquel que no se ha reconciliado con su familia y sus antepasados, es como un árbol que quisiera crecer sin honrar a sus raíces. Hacer la paz con nuestros padres, estar en armonía con nuestros seres cercanos es una de las condiciones de nuestra salud, de nuestra felicidad y de la felicidad de todos. 6 – Habiendo observado que el crimen conduce al crimen y que a la violencia  a menudo se responde con una violencia mayor, quiero ser libre del homicida que hay en mí y, antes de nada, reconocer su presencia. Antes de matar pasando al acto, puedo matar con el pensamiento, el desprecio y los juicios. Descubrir en mí el origen de todas las guerras: la no-aceptación del otro en su irreductible diferencia y el no-reconocimiento de la vida que nos es común, del Aliento que compartimos. Juzgar al otro es juzgarme a mí mismo; matar al otro es matar la Vida que somos juntos. No matar ni en pensamientos, ni en palabras, ni en actos, es el gran ejercicio del hacedor de paz. Aceptar ser herido antes que ser homicida es participar de la fuerza indestructible y vulnerable del amor humilde, de la humildad del [&#8230;]]]></description>
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		<title>Palabras de silencio</title>
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		<pubDate>Wed, 14 Sep 2011 23:05:21 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inéditos]]></category>

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		<description><![CDATA[Palabras de introducción a una meditación  Sabiduría del silencio Experiencia del silencio Saborearlo, conocerlo Adoptamos una buena postura, una postura que excluye la impostura Nos acercamos a este espacio, a esta Conciencia de antes de la conciencia de algo Está la Conciencia y está la conciencia de algo, de esto o de aquello Se trata, en el silencio, de permanecer en la Conciencia de antes del pensamiento, antes de las imágenes, antes de los conceptos, de las percepciones Estar en ese estado del &#8220;antes&#8221; que podemos llamar un Presente anterior La Presencia anterior a nuestro estar aquí, el Origen lo que me hace estar aquí No se trata de especular sobre ello. Quizá el ejercicio que más puede acercarnos a ello es la escucha de nuestro aliento, de nuestra respiración Estar atentos a ese Infinito de donde viene nuestro aliento, lo que es antes de nuestro inspirar Esa Presencia anterior, ese infinito de donde viene el aliento al inspirar y ese infinito a donde va el aliento al expirar Vivir conscientemente lo que no cesa mientras estamos en este espacio-tiempo Inspirar-expirar, estar atentos a ese espacio a ese silencio a ese infinito de donde viene la inspiración y a ese espacio, a ese silencio, a ese infinito a donde va la expiración Es estar aquí en nuestro lugar entre dos infinitos y quizá el infinito que está antes y el infinito que está después es también el infinito que está durante, en el instante. La conciencia es Una y esta conciencia que es antes contiene lo que es durante, en el instante No reflexionar a esto, simplemente estar presente, estar/ser consciente y dejar ser lo que está aquí infinitamente Para nuestro bienestar, para el bienestar de todo y de todos &#160; Enseñanza oral, Bruselas Chant d&#8217;oiseau, 2011]]></description>
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		<title>El diccionario enamorado de Jerusalén</title>
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		<pubDate>Fri, 26 Feb 2010 15:40:49 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
				<category><![CDATA[Seleccionados]]></category>

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		<description><![CDATA[Se puede estar enamorado de Jerusalén? Se puede amar a una mujer tan vieja, de mirada cargada de tantos párpados, de cabeza pesada de cascos, coronas, boinas innumerables? Se puede amar un cuerpo que no es más que cicatrices a punto de abrirse o de ofrecerse bajo la sal de la violencia y de la pasión? El amor no vuelve ciego &#8211; los enamorados no ignoran que aquí hay guerra, pero los enamorados de Jerusalén saben que la guerra sólo es soportable para ellos, porque piensan &#8220;en otra cosa&#8221; y no en la guerra&#8230; Esto no los hace indiferentes, pero los sitúa a cierta altura o en cierta dulzura, desde donde las tragedias parecen menos necesarias, esto los hace más libres y capaces de saborear lo que quizá, en algunas horas, no será más que ruinas&#8230; Estar enamorado en Jerusalén, es &#8220;besarse otra vez&#8221; en el autobús del que todo el mundo se baja&#8230; Sólo el amor puede enfrentar así a la muerte, no para burlarse, sino para retirarle su suficiencia: ella no tendrá la última palabra. Los creyentes tienen &#8220;motivos&#8221; para amar Jerusalén, motivos que son memorias felices e infelices que los mantienen apegados a sus piedras tanto como a &#8220;memoriales&#8221;. Los enamorados no tienen otras razones de amar Jerusalén que su amor. &#8220;No deseamos algo porque es bello, es bello porque lo deseamos&#8221;, decía el filósofo Spinoza. Es, sin duda, porque todavía hay hombres y mujeres que aman Jerusalén que Jerusalén sigue siendo bella&#8230;David, Salomón, Helena, Solimán y otros enamorados de Jerusalén, también la han amado. Quisieron incluso hacerla &#8220;objetivamente&#8221; bella, enriqueciéndola de muros, cúpulas y campanarios&#8230; Su error ¿no fue quizás querer &#8220;objetivar&#8221; su amor? Algunos enamorados se extasían ante las joyas que han ofrecido y olvidan el cuerpo de la amada &#8211; nos extasiamos ante el muro, la cúpula o el campanario. Olvidamos la tierra desnuda, su luz, sus encantos&#8230;Permanecer enamorado en Jerusalén es, en cierto modo, permanecer ajeno a sus adornos, para contemplar mejor su desnudez o su .esencia. Por otra parte, Jerusalén no estuvo siempre tapizada de oro o de terciopelo&#8230; El enamorado debe de ser libre también frente a sus monumentos al horror y lúcido ante el estado de sus crímenes. Entonces, como Baudelaire, hay que ser capaz de amar una &#8220;carroña&#8221;, guardar vivo en uno el deseo de su &#8220;esencia&#8221;. Pues Jerusalén ofrece a menudo el espectáculo asqueroso de una carcasa soberbia. &#8220;Las piernas por alto, como una mujer lúbrica, ardiente y sudando venenos abre de una manera indolente y cínica su vientre lleno de exhalaciones&#8221;. El enamorado lúcido de &#8220;la tres veces santa&#8221; será capaz de decirle: El enamorado, está siempre enamorado de una esencia más que de un cuerpo, y en Jerusalén, &#8220;la esencia es divina&#8221;, ni que decir tiene que escapa a todos los príncipes y a todas las opresiones políticas o religiosas. Esta &#8220;esencia que escapa a toda descomposición&#8221; es, no sólo el alma de la ciudad, sino el amor de todo amor &#8211; el Amor es el único Dios que no es un ídolo &#8211; sólo lo poseemos dándolo. Sólo lo encontramos perdiéndolo. Hay que darle mucho a Jerusalén si queremos recibir algo de ella y como en cualquier parte, hay que perderse en ella para encontrarse, encontrar los límites exactos (que no intactos) de lo humano hasta la fabricación de sus leyes y de sus dioses. &#8220;Esto no es amor&#8221;, dice el mito de Tristán &#8220;que torna a la realidad&#8221;. El enamorado no es el propietario, no posee el objeto de su amor. Habría que decir &#8220;no lo conoce&#8221;, &#8220;no todavía&#8221;, piensa. Estar enamorado de Jerusalén no es poseerla, o pretender conocerla. Es acercarse a ella soñando, ebrio de un deseo más que de un placer. Gozar de Jerusalén, poseerla, no sólo la alegría del enamorado &#8220;recibiría un duro un golpe&#8221; sino que provocaría los golpes&#8221;. El objeto es deseado por demasiados pretendientes&#8230; si todos permanecieran enamorados, la prometida permanecería siempre posible, tierra siempre &#8220;prometida&#8221;, todo el mundo disfrutaría de ella, pero si por desgracia uno de ellos la posee, es la desgracia para todos &#8211; la envidia y el crimen.  Cuando desde la colina de los olivos, contemplo &#8220;las puertas doradas&#8221;, las puertas cerradas, por las cuales, según las tres tradiciones, el Mesías debe venir o volver, entiendo que el Mesías es &#8220;aquel que abre las puertas&#8221;, que derriba los muros. No destruirá Jerusalén, hará de ella &#8220;una ciudad abierta&#8221;, la morada de lo Abierto. Una casa o un templo para albergar al viento y recibir a las plantas, las hormigas, los humanos y las demás estrellas. El Mesías devolverá a los hombres sus alas y su levedad perdidas, caminarán entonces &#8220;en la tierra como en al cielo&#8221;.  &#8221;El que enseñe a volar a los hombres del futuro, habrá superado todos los límites; para él, los límites se evaporarán en el aire. Bautizará de nuevo la tierra: la llamará &#8220;la ligera&#8221;, la tierra y la vida le parecen pesadas y es lo que quiere el espíritu de pesadumbre! El que quiera ser ligero como un pájaro debe amarse a sí mismo.[2] O Jerusalén&#8221;, espera a un Mesías enamorado o a un niño. &#8220;El Juez de toda la tierra&#8221;; si te arranca las máscaras es para acariciar tu rostro, si rasga tus vestidos demasiado gruesos o demasiado religiosos es para beber del agua viva de tus senos, de &#8220;la fuente sellada&#8221;.[3] Extraído y traducido de: &#8220;Dictionnaire amoureux de Jérusalem&#8221;, Jean-Yves Leloup, Ediciones Plon, 2010. Traducción :. M.L. González [1] Baudelaire, Las flores del mal [2] Nietzsche , &#8220;Así habló Zaratrustra&#8221; [3] Cantar de los cantares, IV, 12 FNAC France]]></description>
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		<title>Todos los caminos conducen a la playa</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Nov 2008 12:26:40 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
				<category><![CDATA[Inéditos]]></category>

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		<description><![CDATA[Ahora ya lo sabemos, todos los caminos ya no conducen a Roma, a Jerusalén o a la Meca&#8230; Todos los lugares sagrados de Oriente y Occidente, todas las montañas santas han sido exploradas, devastadas; sólo quedan allí los viejos o los piadosos comerciantes, momias, personas con trajes pasados de moda; los símbolos de nuestras vidas anteriores o fallecidas. Allí se celebran cultos sin éxtasis, en presencia de dioses todopoderosos y limpiamente disecados, archivos de civilizaciones, a veces muy preciadas y en vías de extinción. Ahora ya lo sabemos, todos los caminos conducen a la playa&#8230; y no es &#8220;algo en lugar de nada&#8221;, es &#8220;nada en lugar de algo&#8221;. Basta decir que pronto seremos todos metafísicos, desnudos, pero al sol, desnudos, pero coronados de espuma&#8230; Los cantos pagamos de Fernando Pessoa son ilegibles si los meditamos en las calles de Lisboa, se vuelven evidentes si los susurramos en las playas de Ipanema. Río de Janeiro es seguramente el mejor lugar para comprender &#8220;Todo Pessoa&#8221; -  en un solo día podemos encontrarnos con cada uno de sus seudónimos. No se trata de enlazar a toda costa Brasil con la cultura portuguesa por algún tiempo todavía, (estos lazos cada vez más finos pronto habrán desaparecido) sino de no privarnos del primer metafísico, cantor del disparate, de la profundidad y lo vacuo de lo que hay que llamar las “cosas&#8221;: todo lo que merece ser anegado por la aguas antes de fin de siglo. Es así que los valientes y los más inconscientes están preparados y bronceados en la playa, ese límite del infinito que ninguna redundancia carnosa o bandera publicitaria podría ocultar. El futuro de un país desde ahora se mide por sus metros de costa. No hace falta precisar que Brasil va bien servido. Nadie duda de que este país sea un modelo para el futuro del mundo, pues aquí hay espacio, hay playa para todos. El peor y el mejor, el más pobre y el más rico dejaran de hacerse la guerra para zambullirse en las mismas aguas – esas aguas que se llevan la historia y sus diferencias, nos bañan en el único culto existente: el del instante. Ya sólo hay salvación en la ola que pasa, la ola que ahoga y el gran sol que marca nuestros límites y luego nos borra… No es vano este juego de palabras o de ortografía: en la playa estamos al borde de la “madre” (mar)… Los líquidos amnióticos que nos rodean operan la perfecta regresión de un pueblo a su matriz. Los caminos que llevan a la playa son caminos de retorno. Lo contrario del camino del héroe que se aventura en tierras secas o en tierras altas para acceder a una talla de adulto… El camino que lleva a la playa es el de los niños o los adultos arrepentidos que han comprendido que construir una ciudad o un “mundo mejor” era tan vano como construir un castillo de arena. En la historia de la filosofía se pueden distinguir dos tipos de filósofos: los que van a la playa y los que no van. Nos es posible imaginar a Kant, Schopenhauer, Nietzsche, Heidegger, Sartre y los demás en bañador entre la masa enloquecedora de cariocas, de vírgenes pulposas que no tienen nada que esconder bajo su piel, nada de trastienda, de “trasmundo” su vacío siendo tan explícito en el interior como afuera (el vacío que está en el interior de la vasija es el mismo que llena el universo). Se entiende que estos filósofos hayan hablado del “final de la metafísica” su filosofía “de las luces” era la de sus lámparas de aceite o de sus hadas eléctricas, no las del gran sol, el sol de Heráclito en Éfeso, bajo el que los griegos ancianos pasaban su tiempo de paseo; paseos que terminaban siempre en la playa donde la contemplación de los bellos cuerpos despertaba el deseo (eros) de una belleza sin límites (ver Sócrates, Platón…). Pero era el privilegio de los grandes no dejarse saturar por lo que satura las playas, era su privilegio ver el vacío, la infinita pureza del espacio que se divierte con esas nupcias inciertas del agua y de la tierra, de donde ha nacido el gran “barro” humano (adamah). En su retorno a los griegos, como origen de la filosofía occidental, Heidegger, olvidó lo esencial, volver a la playa primera, allí donde emerge la tierra natal… esos caminos no conducen a ninguna “parte”. Había que caminar más lejos, hasta la orilla de las aguas… Para los futuros filósofos será sin duda útil hacer una peregrinación a Río de Janeiro, dejarse guiar por la divina Sofía, al borde de Nada, allí donde la pregunta  “qué es el ser” o “qué es algo” cesa, porque el ser dulce y lúcidamente se disuelve en un alargamiento y una inmovilidad que no es la de la muerte, sino la de la Vida que se experimenta ella misma en el momento de adormecerse en una conciencia más profunda… Esa gran noche en el corazón del día cuyo secreto y profundo enigma guardan los pueblos soleados. Todos los caminos llevan a la playa, pero podemos pararnos en el camino, incluso en Río; un evangelista puede interrumpir la caída, lo reconocerán por su “aire de salvado”, es decir por su cuello casi blanco y “su corbata algo arrugada” pues “la gran perfección ha conocido el defecto”, decía Lao Tséu. Les dirá que no vayan a la playa, pues hay peces pudriéndose en la bahía y una variedad increíble de demonios… Seguramente tendrá razón, pero lo que buscamos hoy para vivir, no es ni una razón, ni una fe. Todo esto es encantador pero cuán perecedero! Buscamos sólo “un lugar tranquilo”… una playa desierta sin duda que no encontraremos ni en Río ni en otro lugar, si no está ante todo en nuestro corazón y en nuestra cabeza antes de transmitirse a todos nuestros miembros… una playa de silencio… Todas las filosofías, todas las ciencias, todas las religiones deberían habernos conducido a [&#8230;]]]></description>
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		<title>La inmensa, la intima transparencia</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Sep 2008 13:15:14 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
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		<category><![CDATA[Articulos]]></category>

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		<description><![CDATA[&#160; Vértigo horizontal, inmenso, íntimo instante   Más allá y a través de lo invisible, siempre es lo invisible que se deja contemplar. Más allá y a través del poema, siempre es lo indecible que se deja soñar, Más allá de lo sabido, está la proximidad de lo inaccesible de una Presencia&#8230;   La profecía de la amapola es simple : Morirás ciertamente, No importa Es así Abre tus alas Florece Conoce el espacio donde floreces Él no morirá Es así   Si no crees en Dios, Mira la peonía Si Crees en Dios , Mira la peonía. Mira la lluvia que cae sobre la lluvia   A primera vista las amapolas son amapolas, Si las miras bien y más  No son amapolas Al final, Si de manera precisa ya no ves amapolas Eres amapola   Asir el instante En pleno vuelo Sin cortarle las alas Esa aprensión no puede ser otra Que el viento que lo sostiene La flor, ¿Acaso está a la espera de una Mirada que la comprenda? ¿Espera que alguien la respire? La rosa florece sin porqué. Florece porque florece ¿Eso dices…? (Silesius) Florece para la conciencia que la concibe Inmensamente unida a todo el universo Íntimamente diferenciada de éste Si no ¿Quién hablaría de la flor y de florecer?     La extrema sabiduría de la peonía Soporta todos los comentarios y no adhiere a ninguno Lo que soporta el sol y el viento ¿Qué le hace un discurso de hombre? El peso exacto de su aliento Menos que la brisa&#8230;     La conciencia emergente en el universo ¿Es sólo la fábrica de la complejidad? ¿No es también elogio de lo simple? El universo si lo pensamos Sólo puede aparecer en su complejidad&#8230; Cuando lo contemplamos Asentados, sin preguntas Aparece como la gracia de lo Simple El aflorar del Don       Decías Que es grande la felicidad de las amapolas Yo te decía ¿Qué sabes tú de la felicidad  de las amapolas? Me respondes ¿Cómo sabes si no soy feliz&#8230; Como una amapola?   La flor ha dicho SÍ Este consentimiento Este asentimiento En el corazón del desastre Es la clave de los campos No conozco otra cosa Que pueda abrir El cemento de la necesidad&#8230;   ¿Qué sabemos nosotros de la vida íntima de las amapolas? ¿Qué sabemos nosotros de su correspondencia con las abejas y las mariposas? Busco un saber que florece y murmura&#8230;   Para entrar en filosofía Basta con una buena pregunta. Para salir No basta con mil respuestas&#8230; La risa tal vez?   ¿Qué hay más espiritual que una peonía? ¿Qué más material? La peonía siendo peonía La materia es espíritu El espíritu es materia ¿Cuál es el problema? Mil y un pétalos y ni la mitad de un espacio para un problema   La idea de la peonía no es su perfume El perfume de la peonía no es su esencia Su esencia no es la peonía Sólo la peonía es peonía     Nacer o no nacer Ahí esta la Cuestión&#8230; Cada acontecimiento es la ocasión De nacer a una mayor conciencia Y amor La ocasión de crecer No nacer Es hacer de cada acontecimiento Un lamento y una regresión Marchitarse antes de haber florecido La muerte ella misma puede ser un nuevo nacimiento La ocasión de reencontrar el buen día o la gran Noche Que está en el nacimiento de todos nuestros nacimientos   Te amo más que el amor Que siento por ti Me decía. Amémonos más que el amor que sentimos El uno por el otro Respondí. Así naciste tú&#8230;   Tu Presencia Ha quemado el muro de pensamientos Que me separaba de la Vida   Hemos evocado la sabiduría de las peonías Pero, ¿las peonías nos salvan? Si las comprendemos bien Las peonías nos salvan De todo lo que no somos Es lo que no somos lo que busca la salvación Lo que somos ya está salvado&#8230; La Vida salva! Palabra de peonía     Cada mañana Al mirar la buganvilla en flor Pierdo la razón   Para ver Abre los ojos Basta un pensamiento Para que te vuelvas ciego     Extraído de: &#8220;L&#8217;immense et l&#8217;Intime&#8221;, Editorial Isabelle &#38; Jacques Pologny, 2008. Traducción M.L. González]]></description>
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		<title>Maria Magdalena en el camino hacia la Sainte Baume</title>
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		<pubDate>Sun, 14 Sep 2008 12:50:44 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
				<category><![CDATA[Seleccionados]]></category>

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		<description><![CDATA[                                                                                    Ediciones Presses Renaissance  2008  La vida salvaje y evangélica de Myriam de Magdala  en la Sainte Baume (Francia)   Myriam tenía hambre. No sabía cazar. En el bosque de la St Baume como en  los bosques de otros lugares, las codornices no caen del cielo bien asadas y nadie ha oído hablar del maná con sabor a miel que podría recogerse cada mañana sobre las rocas o entre el musgo. Para quien tiene hambre ¿qué peso tienen la filosofía, la espiritualidad, la poesía, ante un plato de lentejas? Ninguno… ¿Que más nos dan los discursos sobre la verdad, sobre el amor, la paciencia, la impermanencia de todas las cosas etc. cuando tenemos el estómago vacío y que el estómago ocupa todo el espacio y nos devora el corazón y el resto? Myriam no pensaba en nada más, no vivía por nada más que para un plato de lentejas. Los árboles de la St Baume podían darle toda clase de flores, y de perfumes, eso sólo la irritaba y le hacía sentir más hambre. &#8220;Tengo hambre&#8221; &#8211; ¿es una plegaria que Dios no oiría? Ese día todas las  palabras de Yeshua (Jesús) le parecieron vanas, más bien insultantes : &#8220;No os inquietéis por vuestra vida, lo que comeréis, ni por vuestro cuerpo, con qué lo vestiréis.&#8221; ¿Es que Yeshua nunca había tenido hambre? ¿Nunca había caminado desnudo en pleno invierno, por un bosque hostil por hablar así? Myriam tenía hambre, estaba desnuda, estaba inquieta por su vida, estaba dispuesta a renegar todo el Evangelio que había escuchado por un plato de lentejas. Que quién no haya tenido nunca el vientre vacío, que aquél que no haya tenido nunca hambre le tire la primera piedra&#8230; Todos los textos de sabiduría, sólo han sido escritos para vientres llenos, &#8211; pensaba, para aquellos que se pueden permitir el lujo de tener un espíritu, o un alma grande porque no tienen un vientre que les duele de hambre. Myriam comprendió que no era más que una bestia, ella a quien creían la prometida de un Dios, ella a quien tomaban como la &#8220;Sophia&#8221; (la sabiduría)&#8230; No, un animal, una mujer salvaje que no sabía cazar, pero que sentía toda clase de garras, estaba dispuesta a abalanzarse sobre cualquier cosa, o cualquiera, se olvidó del plato de lentejas, era una imagen, un pensamiento, un recuerdo de más que la cortaba de su instinto, de su impulso a hacer lo que era justo en el momento presente. Se echó a tierra y fue arrastrándose cuando, con la nariz entre las hojas, encontró su comida. Pero ¿Era una nariz? Más bien un morro como el de los jabalíes, sus hermanos del bosque, no era un plato de lentejas lo que descubría, ni nada conocido, aquello  tenía un sabor y un olor indescriptibles, era sin duda lo que más tarde llamaríamos trufas… Se alimentó también de un poco de tierra y hierbas y bebió de la fuente. Entendió entonces lo que Yeshua quería decir con “no inquietarse por nada”, quería decir no aumentar, con su hambre futura, su hambre en el presente, no aumentar con su posible dolor en el futuro el dolor en el presente. Así basta. Lo que nos es dado en el momento presente es lo único necesario. Myriam observó a los animales del bosque con más atención. Efectivamente no se inquietaban por el mañana, parecían inquietarse sólo cuando sentían hambre, pero no, no se inquietaban, se despertaban, tenían hambre y era el hambre quien les dictaba los acciones necesarias para encontrar el alimento que necesitaban antes de volver al descanso, a la tranquilidad que parecía ser su naturaleza esencial. “¿No es la vida más que el alimento y el cuerpo más que el vestido? ¿Cómo la Vida puede ser alimento? Los Discípulos, indicándole el bosque de la St Baume como refugio imaginaban sin duda que se alimentaría “de amor y agua fresca”. ¿Sabían realmente lo que era el hambre? Y ella ¿sabía lo que era “alimentarse de la Vida”? Fue allí para aprenderlo… Necesitó varios meses para aprender que “el hombre no vive sólo de pan”, de lentejas, de trufas con tierra o de codornices caídas del cielo; pero de aire y aliento… Aprendía a respirar profundamente, y había en ello un alimento sutil, nunca lo pensó, ni lo imaginó, sin embargo se acordó que Yeshua comía tan poco, excepto cuando estaba con su amigos, la buena carne y el buen vino, sabía apreciarlo con sus amigos. Cuando los discípulos se inquietaban sobre su hambre, El respondía  “ tengo para comer un alimento que no conocéis… mi alimento es hacer la voluntad de mi Padre.” Tantas palabras extrañas que ahora comprendía mejor. “Abba” no era par Él sólo una palabra, sino una Presencia, la Presencia que le acompañaba y esta Presencia le llenaba, no sólo el corazón y el espíritu, sino también el vientre,  permanecía todo Él, entero, en su Presencia… Se acordó también de otra palabra “Yo soy” es el pan de vida. &#8220;El que coma de mí nunca más tendrá hambre” Estas palabras habían hecho huir a muchos discípulos. “¿Cómo nos daría su cuerpo como comida?” Ahora entendía. “Yo soy” es el pan de vida. Si ella permanecía en Su presencia, como Él permanecía en presencia de la Conciencia infinita que Él llamaba su Padre, entonces sería alimentada “cuerpo, alma y espíritu”. Fue así como comenzó a invocar Su Nombre “Yeshua”, al ritmo de su respiración… Los efectos no se hicieron esperar – Yeshua – “Yo Soy” permanecía verdaderamente en ella, calmaba todos sus apetitos, todas sus inquietudes. Afrontaba cada prueba en Su Presencia, de una en una, el sufrimiento, de uno en uno, el placer, de uno en uno… Sin preocuparse de lo que iba a pasar – lo que pasara sería un presente, una ocasión de Ser con “Yo Soy”, en Su Presencia… Mañana no existe, nunca ha existido. Jamás ha existido otra cosa que el “hoy”, ayer cuando lo viví era un “hoy”, mañana no podré vivirlo más [&#8230;]]]></description>
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		<title>El evangelio de María</title>
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		<pubDate>Fri, 28 Dec 2007 16:21:33 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Jean-Yves Leloup</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[El evangelio de María ha quedado prácticamente ignorado por el gran pùblico. La primera redacción de este Evangelio, cuyo manuscrito se conserva dede 1896 en el Departamento de Egiptología de los Museos Nacionales de Berlín, dataría alrededor del año 150. Se trata, como los otros Evangelios, de uno de los textos fundadores o primitivos del cristianismo, atribuido a Myriam de Magdala, quizá esa María Magdalena, primer tetigo de la resurrección de Cristo y primera en anunciar la Buena Nueva a los apóstoles. Su relación privilegiada con el Maestro la convierte en fundadora del cristianismo antes de Pablo y su visión en el camino de Damasco. Detalles del producto   Tapa blanda: 216 páginas   Editor: Herder Editorial; Edición: 1 (28 de diciembre de 2007) &#160; José María López de Castro (Traductor)]]></description>
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